Esta entrada es una actualización de la publicada en 2016 sobre el caso Alfredo Sáenz. Puedes leer la versión original aquí:
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La historia del indulto a Alfredo Sáenz —y de las maniobras políticas, judiciales y mediáticas que lo rodearon— es mucho más que un episodio aislado. Es un espejo incómodo de cómo se entrelazan en España el poder económico, la política y ciertos silencios mediáticos que amortiguan lo que debería ser escándalo público. El Tribunal Supremo abrió en su día la puerta a investigar responsabilidades políticas por aquel indulto, pero la puerta quedó entreabierta y nadie quiso cruzarla. Esa inacción, más que el propio indulto, es lo que revela la profundidad del problema.
1. Un titular que debería haber hecho más ruido
En 2016, un artículo señalaba que *“El Supremo abre la
puerta a que otro juez investigue a Zapatero por el indulto a Alfredo Sáenz”*.
El titular era potente, casi explosivo, pero la noticia pasó con la misma
sordina que acompañó a la decisión del Supremo en 2013, cuando anuló los
efectos administrativos del indulto.
Nada nuevo: en España, ciertos temas se amortiguan solos cuando afectan a quienes no suelen ser molestados.
2. El caso Sáenz: una cronología que incomoda
La trayectoria judicial de Alfredo Sáenz es conocida:
condenado por denuncia falsa, indultado parcialmente por un Gobierno en
funciones, rehabilitado administrativamente para seguir siendo “honorable”
según los criterios del Banco de España, y finalmente apartado del Santander
con una indemnización que simboliza mejor que nada la distancia entre las
élites y el ciudadano común.
El Supremo dejó claro que un indulto no borra antecedentes
ni limpia el rastro administrativo de una condena. Pero esa claridad jurídica
chocó con una realidad política donde la “honorabilidad” parece negociable
cuando conviene.
3. Política, banca y el cuarto poder: un triángulo de conveniencias
Los textos citados en la entrada original —desde ABC hasta
¿Hay Derecho?— dibujan un patrón inquietante:
- Gobiernos que indultan sin explicar por qué.
- Reguladores que parecen más atentos a los intereses del
banco que a los del país.
- Medios que suavizan, silencian o desvían la atención.
Como señalaba Rodrigo Tena, el problema no es solo el
indulto: es la sensación de que las leyes se doblan cuando quien está al otro
lado es “demasiado importante para caer”. Y que, en ese contexto, el Estado de
Derecho se convierte en un concepto frágil, casi decorativo.
4. La puerta que se abrió… y nadie cruzó
El Supremo dejó abierta la posibilidad de investigar
responsabilidades políticas por el indulto.
Pero esa puerta quedó ahí, inmóvil, sin que ningún juez
ordinario de Madrid la atravesara.
La justicia española, tan lenta para unos y tan diligente
para otros, dejó que el tiempo hiciera su trabajo: enfriar, olvidar, enterrar.
5. Lo que este caso nos dice de España
El caso Sáenz no es solo un episodio del pasado. Es un
recordatorio de que:
- La justicia no siempre llega a todos por igual.
- El poder económico tiene una capacidad de influencia que
rara vez se reconoce abiertamente.
- La ciudadanía depende demasiado de iniciativas
individuales para defender la legalidad cuando los mecanismos institucionales
fallan.
Como advertía uno de los comentaristas citados, los “vientos de Némesis” soplan cuando las instituciones no cumplen su función. Y en España, esos vientos llevan demasiados años acumulándose.
Han pasado años desde aquel titular que prometía una
investigación. Nada ocurrió.
La puerta sigue ahí, abierta pero inútil, como símbolo de
una justicia que a veces parece más decorativa que efectiva.
Recordar este caso no es un ejercicio de nostalgia jurídica,
sino una forma de señalar que los silencios, las sordinas y las puertas que
nadie cruza son también parte del problema.
Y que, mientras no se aborden, seguirán marcando la
distancia entre la España que queremos y la España que realmente tenemos.