jueves, 22 de agosto de 2019

De la permisiva acción de la humana justicia a ambos lados del charco, cuando de ricos y poderosos se trata.

Posterormente a la lectura del artículo publicado por larazón.es  sobre los más de mil trescientos días que la instrucción del caso Pujol lleva en manos del juez de la Mata, de la Audiencia Nacional, Juzgado núm. 5(*), leí del suicidio de un magnate estadounidense, un tal Jeffrey Epstein, en una cárcel de Manhattan(Nueva York). 
El párrafo siguiente lo he seleccionado del artículo publicado por larazon.es, titulado"Epstein montó su imperio sexual desde prisiónEl multimillonario aprovechó los permisos penitenciarios y el tiempo encarcelado para crear un ejército de discípulas que forjaron su red de prostitución de menores".
"Sabía que su horizonte judicial sería infinitamente más complicado que el que afrontó en 2007, cuando obtuvo de la fiscalía del distrito sur de Florida, entonces dirigida por Alex Acosta, un pacto más que ventajoso en virtud del cual Epstein aceptó que su nombre figurase en el registro de delincuentes sexuales y acordaba indemnizar por una cuantía desconocida a las víctimas que lo habían denunciado. A cambio sólo fue sentenciado a 13 meses de cárcel en una prisión de mínima seguridad, con permisos para ausentarse durante 12 horas al día y hasta seis días a la semana. La disculpa para un enjuague legal inaudito en un Estado como Florida, donde delitos similares podrían haberle fácilmente procurado una condena a cadena perpetua, fue que el señor Epstein, arrepentido, no pensaba reincidir.

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(*) Detallo los jueces que se han sucedido en este juzgado, información sacada de Wikipedia.

Juzgado Central de Instrucción número 5

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Este blog es el medio de expresar mis particulares reflexiones e ideas sobre la realidad que me rodea, así como las sugeridas por la lectura de libros y artículos de prensa. No es crítica literaria, no tengo conocimientos para ello. Expongo , tras muchos esfuerzos, lo que mi corazón me dicta. No es mi intención la de ofender ni herir a nadie. Tampoco, pues, me gustaría ser objeto de heridas u ofensas por discrepar con mis particulares opiniones y gustos.