El Informe PISA 2026 confirma lo que España lleva más de dos décadas evitando reconocer: nuestro sistema educativo se deteriora de forma constante y profunda. No es un tropiezo puntual, sino la culminación de una tendencia que ya se veía en PISA 2000 y PISA 2003, cuando los alumnos españoles se situaban por debajo de la media en matemáticas, lectura y ciencias, ocupando posiciones rezagadas en el conjunto de países evaluados.
Hoy, en 2026, España registra los peores
resultados desde que existen estas pruebas, especialmente en matemáticas y
lectura. La explicación oficial —móviles, pantallas, IA sin supervisión— es una
coartada superficial que evita afrontar las causas reales del declive.
1) Reformas
educativas politizadas y un modelo que rebaja la exigencia
Las sucesivas leyes educativas han ido
erosionando la cultura del esfuerzo. La vigente LOMLOE (“Ley Celaá”) consolida
un sistema donde aprobar pesa más que aprender, la promoción
automática se normaliza y la evaluación continua se usa para evitar
medir resultados reales. A ello se suma la renuncia del Estado a garantizar
el castellano como lengua vehicular, dejando la situación en manos de
comunidades que ya incumplían sentencias firmes desde hace más de una década.
El resultado es un sistema fragmentado, desigual
y sometido a intereses políticos antes que pedagógicos.
2) La
composición de las aulas: diversidad creciente sin recursos crecientes
Las aulas españolas soportan una presión que
nadie quiere reconocer:
- Alto
porcentaje de alumnado inmigrante, especialmente en zonas urbanas.
- Alumnado
con discapacidad (3,3%), que requiere apoyos especializados.
- Alumnado
en vulnerabilidad socioeducativa, con cifras extremas en Cataluña (23%), la
mayor de España.
La diversidad no es el problema: lo es la ausencia
de recursos, planificación y políticas serias para gestionarla. España ha
aumentado la complejidad del sistema sin aumentar su capacidad para sostenerla.
Un deterioro
que se repite desde hace más de veinte años
Ya en PISA 2003 se advertía que los alumnos
españoles llegaban a los 15 años con peores niveles que la media de los países
desarrollados . Veintitrés años después, seguimos en el mismo lugar, pero más
abajo. leyendo_periódicos:
Informe Pisa 2003, diciembre 09, 2004
España no ha sufrido un fracaso puntual: ha
normalizado el fracaso. Y lo más grave es que la sociedad permanece
impasible ante un deterioro que ya no es una advertencia, sino un hecho
consolidado.
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