sábado, 25 de julio de 2026

Los incendios del verano (La herida que nunca se cierra )

Cada verano, como un eco que regresa desde hace décadas, la península ibérica vuelve a arder. Y al releer los comentarios escritos entre 2004 y 2005 —Los incendios forestales, Bosques ardiendo, Península ardiendo y Prevención de incendios— descubro, con desolación, que la tragedia no es solo el fuego, sino la repetición. La incapacidad de aprender. La intencionada, sí, intencionada desmemoria, aunque ahora quieran atribuirlo al cambio climático.

En 2004, ya llamaba mi atención la pasividad con la que la opinión pública española  aceptábamos los incendios, como si éstos  fueran un destino inevitable. Acción acompañada y alimentada por la indiferencia mediática que, una vez apagadas las llamas, deja de mirar. Es decir, en el momento de la desgracia, mucho ruido para luego el más absoluto silencio. Cuando su labor, la de los medios, pienso, sería la reclamación y exposición de estadísticas serias, comparativas entre comunidades, políticas comunes de prevención y, sobre todo, seguimiento de las víctimas y de los territorios arrasados. Informar qué fue de ellos,  qué fue de los montes quemados,  si se repoblaron o  se abandonaron... 

En Prevención de incendios aparecía por fin una buena noticia: fondos destinados a contratar desempleados para limpiar bosques en el invierno. Ello ¿sigue vigente?.Los municipios enclavados en zonas boscosas y de alta peligrosidad por incendios,¿lo hacen?.

Resumiendo, cuatro textos, cuatro momentos distintos hace más de veinte años, una misma preocupación: la incapacidad de un país para proteger su riqueza forestal y para tratar los incendios como lo que son, una catástrofe ambiental, económica y humana que exige continuidad, rigor y responsabilidad.

Hoy, dos décadas después, estas reflexiones no han perdido vigencia porque muestran que el problema no es solo el fuego, sino nuestra forma de mirarlo… y de olvidarlo. 

Al volver sobre estas entradas, siento que también se vuelve sobre una parte de uno mismo: sobre la preocupación constante por el entorno, sobre la frustración ante la indiferencia pública y sobre ese deseo íntimo de que, algún día, la memoria colectiva sea más fuerte que el humo. Ojalá estas palabras, escritas entonces y ahora, sirvan para que no dejemos de mirar hacia nuestros montes con la atención que merecen.



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Este blog es el medio de expresar mis particulares reflexiones e ideas sobre la realidad que me rodea, así como las sugeridas por la lectura de libros y artículos de prensa. No es crítica literaria, no tengo conocimientos para ello. Expongo , tras muchos esfuerzos, lo que mi corazón me dicta. No es mi intención la de ofender ni herir a nadie. Tampoco, pues, me gustaría ser objeto de heridas u ofensas por discrepar con mis particulares opiniones y gustos.