sábado, 23 de abril de 2011

Morir por la Verdad ("De nuestra propia carne",de Fernando García de Cortázar))

"Sabemos cómo tuvo las fuerzas necesarias para articular las palabras de perdón con que solemnizaba y daba sentido a aquellos actos. Pero nunca sabremos cómo pesó el dolor de aquella infamia, cómo fue exactamente vivido por aquel hombre Hijo de Dios aquel espanto. En qué consistió la resignación de su espíritu al sufrimiento, la resistencia de su carne a la tortura, la aceptación plena vivida en una jornada sin fin. (…)Pero aquel hombre pensó durante todas aquellas horas en el devenir de la historia que se iniciaba entonces. Pensó en la posibilidad del repudio y la indiferencia de los hombres, dotados de libertad para elegir entre el bien y el mal. Pensó en la forma en que su sacrificio se frustraría tantas veces ante el espanto de la conducta humana y la agresividad de la malevolencia. La oportunidad dada a los seres humanos, (…) no excluía la decisión de cometer el mal. Quizá vio los cadáveres amontonados en la mugre pestilente del siglo XX, escuchó los gritos de los niños en los campos de exterminio, vio el inútil sufrimiento de los indigentes junto a los opulentos, de los que nada  tienen frente a quienes nunca se sacian. No vaciló, a pesar de ello. La decisión estaba tomada: quedaba para los hombres la opción de elegir en el futuro.(…). Debía padecerla para que sus seguidores la convirtieran en ejemplo, en testimonio de aquello que Jesús le indicó a Pilatos: iba a morir por la Verdad. «¿Qué es la Verdad?», preguntaba el astuto y oportunista gobernador, acostumbrado a los juegos indolentes de la política sin principios. Y la Verdad era el Reino.( … )el espacio moral que se creaba en el momento en que empezaba la evangelización.(…) A partir de Cristo, todos los hombres, fuera cual fuera su condición y el lugar en el que vivían, eran hermanos, iguales en valor, merecedores de idéntico respeto, portadores de la dignidad inaudita de ser materia inspirada por el mismo Dios y redimida con el más cruel de su autosacrificio (…)Y en esa creación de la unidad moral del género humano  (…)que mostraba que, en la lucha contra la maldad y el descreimiento, siempre habría de ganar el reino de la Verdad.
Estas líneas las he  seleccionado del artículo titulado "De nuestra propia carne", firmado por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR , publicado por ABC, el 21/04/2011, acerca de la conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesús de Nazareth



10 de abril de 2020: Viernes Santo, conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesuscrito, Mesías y Salvador. Acabo de releer el artículo "De nuestra propia carne", y ahora prefiero resaltar los siguientes párrafos:

"Con el nacimiento de Jesús se inicia nuestra Era: no es una casualidad, cuando podría inaugurarse en 1492 o en 1789. A partir de Cristo, todos los hombres, fuera cual fuera su condición y el lugar en el que vivían, eran hermanos, iguales en valor, merecedores de idéntico respeto, portadores de la dignidad inaudita de ser materia inspirada por el mismo Dios y redimida con el más cruel de su autosacrificio. Y en esa creación de la unidad moral del género humano la historia se partía en dos(...) Sólo en esa Verdad el hombre pasaba a ser parte de una generalidad de seres unidos por un lazo común de principios morales cuya inspiración procedía de un sacrificio. La muerte de Jesús, de un Jesús de carne y hueso.
La gloria no se encuentra solo en la Resurrección,... La gloria se encuentra en aquel hijo del carpintero que se atrevió a decirle a Pilatos que era rey, aunque de un reino que el escéptico gobernador no podía comprender. El del nacimiento de la unidad de la especie de la emancipación de todos los seres humanos hechos iguales desde entonces.
Dos mil años más tarde, sabemos que Jesús hizo lo que volvieron a hacer sus seguidores en los siguientes siglos: defender una Verdad tan elemental como intolerable para los Pilatos que se han ido sucediendo desde entonces. En la historia del cristianismo pueden encontrarse aspectos que nos avergüenzan por desviarse del sufrimiento de Jesús,( ...) Pero todos los actos morales que han contenido la dignidad esencial del hombre proceden desde entonces de aquella decisión inquebrantable de un hombre a solas ante Pilatos.
Nada que tenga que ver con la profunda unidad de los hombres en la libertad y la dignidad es ajeno a aquella terca defensa de la Verdad. Esa defensa no conducía a la muerte, aunque pasara por el suplicio. Conducía a la resurrección y a la vida. Conducía a arrancar del sopor monótono de una existencia sin sentido a las personas y a dotarlas de una conciencia de su libertad y de su esperanza de eternidad. Una y otra vez, en estos dos mil años, resuena la burlona pregunta del poderoso mercenario: «¿Qué es la Verdad?» Una y otra vez resuena la respuesta de Jesús, señalando el reino de Dios y su alcance moral para definir la condición del hombre sobre la Tierra." 

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